martes, 27 de julio de 2010

HAY QUE ASEGURAR EL ÉXITO DE LA HUELGA GENERAL



Si el llamamiento a la Huelga General del 29 de septiembre fracasa, no serán exclusivamente los dos grandes sindicatos mayoritarios convocantes los que paguen las consecuencias. El resultado y el seguimiento de la Huelga y la participación en las movilizaciones programadas, constituyen la primera gran prueba de fuego de la resistencia de los trabajadores ante la ofensiva de la oligarquía financiera contra los derechos laborales y sociales. Y determinará, en gran medida, el avance de la política de recortes y el ritmo y la profundidad de las contrarreformas antiobreras y antipopulares.
Por eso se equivocan los que, ignorando la magnitud de los cambios que se están produciendo y ajenos a las consecuencias sociales y políticas de la cada vez más profunda e irreversible crisis del capitalismo monopolista agonizante, mantienen el mismo discurso rutinario de denuncia del sindicalismo pactista de Comisiones y UGT, que durante los últimos decenios han sido en el Estado español el vehículo y el garante de la política de “cohesión social”.
Ciertamente no por su propia voluntad, sino por designio inexorable de los monopolios financieros, que han decidido que ya no están interesados en mantener la “paz social” y por consiguiente ya no los necesitan, los grandes sindicatos de la negociación y los pactos, tal como los hemos conocido hasta hoy, están acabados.
Nadie sabe si sobrevivirán a la programada desaparición de la negociación colectiva, la irrelevancia de los convenios, la desjudicialización y la mercantilización de la relación laboral, que pasará a ser individual y contractual.
Y, sobre todo, son imprevisibles las consecuencias que en esos inmensos aparatos burocráticos producirá el fin de las subvenciones y de las horas sindicales. Así como el efecto demoledor de la nueva legislación restrictiva sobre la actividad sindical en las empresas, los recortes de derechos de los Comités y la separación de las elecciones sindicales del sistema democrático institucionalizado.
Muchos dirigentes sindicales sueñan todavía, a pesar de todo, en que la crisis se superará, la economía y el empleo recuperarán el pulso y su maravilloso mundo de agentes sociales, de liberados y de imprescindibles interlocutores de la patronal y el gobierno, volverá renovado y con nuevos brillos burocráticos.
Pero se equivocan lamentablemente. La oligarquía financiera ya ha decidido, con carácter inmediato e irrevocable, botarlos a la basura como pañuelos usados. De tal manera que sólo les quedan dos opciones: transformarse en un instrumento combativo de la Resistencia Popular contra la ofensiva del capitalismo, y convertirse de garantes de la cohesión social en vehículos de la conflictividad propia de la nueva época, o desaparecer.
Y este derrumbe del sindicalismo institucionalizado, subvencionado, representativo y negociador afectará a todos los sindicatos sin excepción. Y no sería extraño ver como caen, en primer lugar, algunos de los más “revolucionarios”, “asamblearios” o “nacionalistas”, a pesar de sus furibundos y reiterativos ataques verbales contra las políticas reformistas de los mayoritarios Comisiones y UGT.
Todos estos cambios, que se precipitan rápidamente en la medida en que se deterioran las condiciones de vida de los trabajadores, aumenta el desempleo y bajan los salarios, y se destruyen y privatizan los servicios públicos y las prestaciones sociales, obligan a los sindicatos, en paralelo con el ya iniciado proceso de la unidad de acción de los partidos políticos de la izquierda anticapitalista, a trabajar decididamente por la Unidad Sindical como medio de reforzar la capacidad de los trabajadores para frenar la ofensiva de los monopolios financieros, y para frustrar los planes de los oligarcas de hacer pagar al pueblo las consecuencias de la crisis económica que ellos han provocado.
Y ese proceso de Unidad Sindical, tan necesario e inevitable como el de la unidad política, se concreta y se materializa hoy en el llamamiento a la Huelga General del 29 de Septiembre.
Todas las fuerzas y todos los recursos deben agruparse y concentrarse sobre el objetivo de asegurar el éxito de la Huelga. No caben excusas ni reticencias. Todos los partidos de la izquierda anticapitalista, todos los sindicatos mayoritarios o minoritarios, sectoriales o de empresa, todas las asociaciones y colectivos populares, como representantes en los distintos niveles de la lucha y de la resistencia de los trabajadores, los pensionistas, los autónomos y los pequeños empresarios, han de reunir y sumar obligatoriamente sus capacidades de propaganda, de agitación y de movilización para demostrar que el pueblo está unido y organizado para enfrentar, con firmeza y decisión, las agresiones a sus derechos y los recortes salariales y sociales.
Nadie puede quedarse atrás. Ningún grupo ni colectivo que se reclame de izquierdas y que presuma de defender los intereses de los trabajadores puede, bajo ningún pretexto, mantenerse al margen o a la expectativa, observando pasivamente los acontecimientos.
Ahora, más que nunca, la capacidad de Resistencia del pueblo depende de la Unidad en torno al objetivo inmediato de asegurar el éxito de la Huelga General del 29 de Septiembre, que marcará el inicio de una época de conflictos laborales y sociales y caracterizada por la lucha de clases abierta, directa y cada vez menos pacífica, de los trabajadores unidos y organizados contra el sistema capitalista moribundo y por la construcción de la nueva sociedad socialista.
(*) Pedro Brenes es Secretario General del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)

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